Tres cosas me tienen preso de Baltasar de Alcázar

Foto del autor

By Víctor Villoria

Tres cosas me tienen preso de Baltasar de Alcázar

En estos versos de Baltasar de Alcázar, poeta del Siglo de Oro, la poesía se acerca a la vida cotidiana con una gracia inmediata: el corazón enamorado no se debate entre ideales sublimes, sino entre una mujer concreta, “la bella Inés”, y dos placeres de mesa, “el jamón” y “berenjenas con queso”. La ocurrencia no es solo chistosa; convierte el deseo amoroso en algo corporal, doméstico y cercano, y ahí está buena parte de su encanto. El tema principal es, por tanto, el cruce entre amor y apetito, pero leído desde una clave festiva, donde sentir y saborear parecen obedecer a una misma ley.

El tono resulta deliberadamente ligero, ingenioso y burlón. El poema avanza como si el hablante estuviera sopesando un asunto importantísimo, cuando en realidad exagera de forma cómica una comparación imposible: medir a Inés frente a unos alimentos. Esa exageración es una forma muy reconocible de comicidad culta del Barroco, basada en presentar como serio lo que, en el fondo, está planteado para hacer sonreír. Así, cuando afirma que no halla “distinción” entre una y otros, o cuando remata con la idea de que los favores amorosos podrían abaratarse gracias a “una lonja de jamón / y berenjenas con queso”, la poesía juega a rebajar lo elevado sin destruirlo del todo, mezclando galantería y hambre con una soltura muy teatral.

Una de las claves de lectura más agradecidas está en la repetición del trío “Inés, jamón y berenjenas con queso”. Esa insistencia funciona como un estribillo: fija el ritmo, da unidad al poema y, sobre todo, convierte la broma en una pequeña obsesión verbal. Cada reaparición añade un matiz nuevo, porque unas veces domina el recuerdo amoroso, otras el placer gastronómico y otras el equilibrio imposible entre ambos. El efecto es muy musical y muy eficaz: la poesía parece dar vueltas sobre la misma idea para exprimir toda su comicidad.

También merece atención el modo en que los alimentos dejan de ser simple adorno costumbrista y adquieren un valor casi simbólico. El jamón, además, aparece ennoblecido al decirse que es “de Aracena”, detalle concreto que vuelve más viva la escena y más sabroso el poema; la berenjena y el queso, por su parte, aportan una sensualidad humilde, hecha de sabores reconocibles. No se trata de símbolos oscuros ni difíciles, sino de imágenes materiales que permiten entender que el deseo humano raras veces es puro: suele mezclarse con la memoria, el cuerpo, el gusto y el placer inmediato. Por eso el poema divierte tanto: no habla de un amor abstracto, sino de un amor que come.

Leído junto a otras tradiciones literarias del Siglo de Oro, el texto destaca por apartarse del amor idealizado y por acercarse a una línea más jocosa y terrenal. Frente a la solemnidad amorosa de cierta lírica renacentista o a la intensidad grave de otros poemas barrocos, aquí triunfa el ingenio breve, el gusto por la agudeza y el placer de sorprender con una asociación inesperada. Esa agudeza —es decir, la capacidad de relacionar cosas distintas de forma brillante— es una de las marcas más vivas del estilo de Baltasar de Alcázar, que convierte una escena casi doméstica en una pequeña fiesta verbal.

Al final, lo más atractivo del poema es su naturalidad artificiosa: parece fácil, espontáneo, casi improvisado, pero está cuidadosamente construido para que cada vuelta del razonamiento resulte más divertida que la anterior. La gracia nace de esa mezcla entre forma medida y asunto aparentemente menor, entre lenguaje elegante y apetitos muy humanos. Por eso sigue funcionando tan bien: porque recuerda, con sonrisa inteligente, que a veces la poesía también celebra lo sencillo, lo sabroso y lo felizmente exagerado.

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón,
y berenjenas con queso.

Esta Inés, amantes, es
quien tuvo en mí tal poder,
que me hizo aborrecer
todo lo que no era Inés.
Trájome un año sin seso,
hasta que en una ocasión
me dio a merendar jamón
y berenjenas con queso.

Fue de Inés la primer palma;
pero ya juzgarse ha mal
entre todos ellos cuál
tiene más parte en mi alma.
En gusto, medida y peso
no le hallo distinción:
ya quiero Inés, ya jamón,
ya berenjenas con queso.

Alega Inés su bondad,
el jamón que es de Aracena,
el queso y la berenjena
la española antigüidad.
Y está tan en fiel el peso
que, juzgado sin pasión,
todo es uno, Inés, jamón,
y berenjenas con queso.

A lo menos este trato
destos mis nuevos amores
hará que Inés sus favores
nos los venda más barato.
Pues tendrá por contrapeso
si no hiciere razón,
una lonja de jamón
y berenjenas con queso.

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

    Ver todas las entradas

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies