Cerca del fuego de Miguel D’Ors

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By Víctor Villoria

Cerca del fuego de Miguel D’Ors

En «Cerca del fuego», incluido en Punto y aparte de 1992, Miguel d’Ors despliega una de las más hermosas declaraciones de principios vitales de la literatura española contemporánea. Este poema constituye un manifiesto personal en el que el poeta gallego reivindica la sencillez frente a la grandiosidad, lo cotidiano frente a lo excepcional, estableciendo así una de las líneas maestras que definirán su obra posterior. La composición ejemplifica perfectamente lo que la crítica ha denominado como poesía de la experiencia, corriente que se caracteriza por recuperar los elementos de la vida diaria como materia poética legítima, alejándose de los experimentalismos vanguardistas para buscar una comunicación más directa con el lector.

El tema central del poema es la reivindicación de una vida auténtica basada en lo pequeño y lo verdadero. La imagen del fuego funciona como símbolo del hogar, de la intimidad y de la autenticidad, contraponiéndose a las «excelencias», «mármoles» y «cifras» que representan los valores superficiales de una sociedad obsesionada por el éxito y la apariencia. Esta dicotomía entre lo natural y lo artificial, entre lo sencillo y lo pretencioso, conecta con una tradición poética que se remonta a nuestros clásicos ( el ejemplo más claro es Fray Luis con su «Oda a la vida retirada») y que valora la vida rural frente a la corrupción urbana. Miguel d’Ors actualiza el «Beatus Ille» desde una perspectiva contemporánea, donde el refugio no se busca tanto en la naturaleza salvaje como en la domesticidad y en los ritmos pausados de la existencia cotidiana.

El poema está marcado por una profunda aceptación de la propia condición y una sabiduría que renuncia conscientemente a las ambiciones desmedidas. La voz poética se expresa con una naturalidad que evita cualquier artificio retórico innecesario, empleando un registro conversacional que refleja la honestidad del mensaje. Esta actitud se manifiesta en la estructura misma del poema, construido mediante versículos libres que fluyen con la naturalidad del pensamiento, sin corsés métricos que puedan obstaculizar la comunicación directa. El «yo solo quiero» inicial establece un tono de humilde pero firme determinación que se mantiene a lo largo de toda la composición, reforzado por el paralelismo «Yo no quiero… Con esto me conformo».

La lectura del poema se articula en torno a una serie de símbolos que configuran un universo poético coherente y reconocible. La imagen central del pueblo «humeando pensativo» con «la nieve en los tejados» evoca un paisaje interior más que geográfico, donde la quietud y la reflexión se materializan en elementos concretos y tangibles. Los «balidos» matutinos y «el olor caliente de la panadería» funcionan como símbolos de una vida que mantiene sus ritmos naturales, alejada de la prisa y la artificialidad del mundo moderno. La referencia a los libros adquiere especial significado en un autor que fue profesor universitario durante décadas: «Los libros no me sirven / si no me dejan contemplar la hierba» no constituye un rechazo al conocimiento, sino una reivindicación de que el saber debe estar al servicio de la vida y no convertirse en una barrera que nos aleje de la experiencia directa de la realidad.

La estructura del poema responde a lo que podríamos llamar una estética de la sencillez, característica fundamental de la obra migueldorsiana. Los versos fluyen sin estridencias, empleando un léxico cotidiano que busca la comunicación antes que el lucimiento verbal. Esta aparente simplicidad esconde, sin embargo, una elaboración cuidadosa que Miguel d’Ors, reconocido como «el mejor artesano de la poesía española contemporánea», maneja con maestría consumada. La repetición del sintagma «cerca del fuego» al inicio y al final del poema crea una estructura circular que refuerza la idea de refugio y permanencia, mientras que la enumeración de elementos naturales —«manzanos florecidos», «hierba»— construye un catálogo de pequeñas felicidades accesibles que se opone implícitamente a los grandes gestos heroicos o a las ambiciones desmesuradas.

El poema conecta con la que la crítica ha denominado «estética de la pequeñez inmensa» en la obra de Miguel d’Ors, concepto que alude a la capacidad del poeta para encontrar transcendencia en los elementos más modestos de la experiencia cotidiana. Esta perspectiva, que tiene ecos franciscanos en su humildad y en su capacidad de hallar lo divino en lo simple, se manifiesta aquí en la valoración del «don de los días» y en la búsqueda de «una voz sencilla que me diga / cerca del fuego cosas verdaderas». La verdad, para este poeta, no reside en las grandes construcciones intelectuales ni en las gestas épicas, sino en la capacidad de mantener una mirada limpia sobre la realidad inmediata, en la contemplación atenta de lo que nos rodea sin pretensiones de grandeza. Esta filosofía vital, expresada con la naturalidad de quien ha llegado a ella tras un largo proceso de maduración, convierte «Cerca del fuego» en uno de los textos más representativos de una generación de poetas que buscó reconciliar la literatura con la vida, el artificio con la autenticidad.

A mí dejadme así, cerca del fuego.
Yo solo quiero que mi vida sea
como un pueblo humeando pensativo
-la nieve en los tejados-
con su mañana llena de balidos
y del olor caliente de la panadería.

Yo no quiero excelencias, ni mármoles, ni cifras.
Los libros no me sirven
si no me dejan contemplar la hierba.
Con esto me conformo, con el don de los días,
con los tenues manzanos florecidos,
con una voz sencilla que me diga
cerca del fuego cosas verdaderas.

Miguel d’Ors, Punto y aparte, 1992

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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