Aeronáutica de Concha Méndez

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By Víctor Villoria

Aeronáutica de Concha Méndez

En “Aeronáutica”, de Concha Méndez, el viaje en avión se convierte en una escena de despedida amorosa donde la emoción íntima y el impulso moderno avanzan juntos, como si el despegue abriera a la vez una promesa de futuro y una herida afectiva. La composición, incluida en Surtidor, uno de los libros de su primera etapa poética, participa de la sensibilidad de la Generación del 27 y de una temprana imaginación de la modernidad en la que aparecen el viaje, la velocidad y las nuevas formas de mirar el mundo, rasgos asociados a esa fase inicial de su obra.

Lo más hermoso del poema quizá sea la manera en que hace convivir dos movimientos contrarios: por un lado, la elevación, la aventura, la salida hacia “nuevos mares y cielos”; por otro, el lazo sentimental que no termina de romperse. El tema principal es, por tanto, la despedida amorosa vivida desde el deseo de volar, y de ahí nace un tono doble, entre jubiloso y melancólico: hay entusiasmo en la ascensión de la “nave”, pero también una pena muy delicada que asoma al final cuando “algo mío lloraba / en la nave de mi pecho…”.

La lectura se enriquece mucho al atender a sus símbolos. La “bufanda rosa” no es solo un objeto del vestido: concentra la memoria, el contacto corporal y la continuidad del afecto, primero negado y luego entregado cuando ya la separación resulta inevitable. También el pañuelo blanco, el sombrero, la ventanilla o la “linterna de mis sueños” convierten la escena en una pequeña ceremonia visual, casi cinematográfica, donde cada gesto materializa una emoción; por eso el poema parece narrar un adiós visible, hecho de telas agitadas, colores, aire y distancia.

Otro rasgo muy atractivo es la repetición de “¡Dame la bufanda rosa!”, que funciona como un estribillo y da al poema una música reconocible. Ese regreso de los versos no solo aporta ritmo, sino que intensifica el sentido afectivo de la escena: la segunda vez, la petición ya no suena igual, porque el lector percibe que el objeto pedido guarda ahora “la nostalgia de tu cuerpo”, de modo que la palabra repetida gana profundidad emocional. Esa mezcla de sencillez aparente y carga simbólica encaja bien con una poesía que, en sus primeros libros, combinó ecos de canción popular con una imaginación moderna y muy visual.

También merece atención la imagen de la aviación tratada con un lenguaje sorprendentemente marino: la “nave” va “mar adentro” y se orienta hacia “costas nuevas”. Ese cruce de campos imaginativos —el aire pensado como mar— da al poema una gran libertad creadora y enlaza “Aeronáutica” con una de las constantes más visibles en la poesía inicial de Méndez: la presencia del viaje como forma de identidad y de deseo, algo que la crítica ha señalado en sus primeros libros.

El poema conserva un encanto especial porque no presenta la modernidad como algo frío o mecánico, sino como un espacio donde la emoción humana sigue latiendo con fuerza. En manos de Concha Méndez, el aeropuerto, el avión y el cielo no borran el temblor sentimental, sino que le dan una forma nueva: el adiós se vuelve vuelo, el recuerdo se vuelve tela al viento y la intimidad encuentra en las alturas una imagen memorable de libertad y pérdida.

—¡Dame la bufanda rosa
que llevas en torno al cuello.
Ý guardaré entre sus pliegues,
la rosa de tu recuerdo…!—

Era una blanca mañana
con un vago sol de invierno
que, pálido, se vertía
plateando el aeropuerto.

—¡Dame la bufanda rosa
—volvió a decirme de nuevo—.
Y guardaré entre sus pliegues
la nostalgia de tu cuerpo…!—

Le di mi mano enguantada.
Subí a mi departamento.
Él quedó en tierra. (Tendimos
un arco-iris de silencios.)

Ya se elevaba la nave
para entregarse a los vientos.
Grité de mi ventanilla
volteando mi sombrero.

Una sonata de adioses
vibraba en el aeropuerto.
Como una estrella de nieve
brilló su blanco pañuelo…

Ya iba libre en los azules
de plata del universo.
El aire de las alturas
jugaba con mis cabellos.

Y antes de que la distancia
nos obligara a perdernos,
eché a volar mi bufanda
—vela en el mástil del viento—.

La vi caer, ondulante.
La vi apresada en sus dedos.
La vi agitarse en sus manos
a la par que su pañuelo.

Alejada de la costa,
la nave iba mar adentro
con sueños de costas nuevas,
de nuevos mares y cielos.

Yo encendí por la aérea ruta
la linterna de mis sueños.
(Pero algo mío lloraba
en la nave de mi pecho…)

Concha Méndez, Surtidor, 1928

Autor

  • Hola. Soy Víctor Villoria, profesor de Literatura actualmente en la Sección Internacional Española de la Cité Scolaire International de Grenoble, en Francia. Llevo más de treinta años como profesor interesado por las nuevas tecnologías en el área de Lengua y Literatura españolas; de hecho he sido asesor en varios centros del profesorado y me he dedicado, entre otras cosas, a la formación de docentes; he trabajado durante cinco años en el área de Lengua del Proyecto Medusa de Canarias y, lo más importante he estado en el aula durante más de 25 años intentando difundir nuestra lengua y nuestra literatura a mis alumnos con la ayuda de las nuevas tecnologías.

    Ahora soy responsable de esta página en la que intento seguir difundiendo nuestra literatura. ¡Disfrútala!

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